Acababa de despertar y la pensaba, despierto la buscaba, no se puede imaginar lo bien que lo pasaba en su fantasía. Mientras, ella casi dormida recibía la visita de quien la soñaba cada día.
Se le espantó el adormecimiento y se levantó a comer algo, quizá aquel inesperado encuentro fue la causa.
¿Era él quien causó ese efecto en ella?
¿El de quitarle el sueño?
Si, ese!. Podría ser. Él conocía perfectamente lo que provocaba en ella, y no era solo robarle el sueño. ¿Qué más provocaba?
Pues la hacía vibrar, la estremecía, la humedecía, hasta llevarla al límite de las ganas y el deseo.
Pero no solo le alborotaba las hormonas, también las neuronas.
Sus encuentros a veces pasionales, a veces intelectuales hacían de sus citas la mezcla perfecta de inteligencia y perversión.
Contaban con el poder de transformar el sufrimiento y el triste espectáculo de sus vidas en dicha
y la ausencia de comprensión en plenitud.
Eran esos encuentros en los que dos personas podían mostrar, sin prejuicios, el lado perverso de su inteligencia y el lado oscuro de su sexualidad
Sin controlar sus emociones y deseos.
Sin embargo, él seguía asombrado pensando cómo lograba alborotar sus hormonas y sus neuronas, Seguía pensando que ella, su fantasía, era superior a él,
Su diosa, su universo, su todo
Se sentía un enano frente a una Elfa,
Casi que estaba por convencerse de que estaba entrando a la locura.

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