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domingo, 19 de noviembre de 2017

Noche de chicas, pizza y unas cuantas coronas

Cada 21 días acuerdo con una vieja amiga de la escuela salir a tomar un par de cervezas o cócteles, con la excusa de ponernos al tanto de nuestras vidas, travesuras y próximos planes. Esta vez acordamos encontrarnos en un bar cerca a su oficina de trabajo. Después de mojar nuestros zapatos con la lluvia de la noche y hacer los mil malabares para no mojarnos debajo de una misma sombrilla, llegamos a nuestro bar destino.

Olvidamos que dentro, el aire acondicionado no era compatible con nuestros zapatos mojados y el frío de la noche, así que escogimos estratégicamente una mesa lejos del viento helado, pero cerca a la barra para no gritar al hacer nuestro pedido. Realmente teníamos hambre, y mi amiga ya había adelantado el pedido de pizza, y la idea era tomar cerveza, pero hacía frío!, pensamos varias opciones para entrar en calor, aguardiente, vodka o tequila, pero por mi parte el presupuesto no daba para ello después del defalco económico que me había dejado la boda de mi hermana, así que pensando que va mejor pizza, pedimos un par de coronas micheladas (esto es servidas con un toque de limón y una pizca de sal).

Y en nuestra noche de chicas surgieron cinco temas principales, algunos en los que estuvimos de acuerdo y otros donde nos sentimos completamente identificadas: las estrategias de coqueteo femenino, un breve reconocimiento de los hombres del bar, penes, historias de amores viejos y nuestros actuales amores.

Mientras tomábamos nuestra tercera corona, y el salón se iba llenando, observamos a un grupo de chicas que también estaban en plan cervezas, solo que, a diferencia de nosotras, ellas estaban en plan de cazadoras. Llegamos a esa conclusión al analizar la escena: una de ellas se acerco a la barra, sinceramente no supimos a pedir que, puesto que en su mesa estaban servidas toda una ronda de cervezas, vimos que cruzó unas cuantas palabras con el barman, pero en realidad era un especie de coqueteo de quinta hacia un chico que estaba tomando, cantando y bailando solo en la barra, era evidente que se sentía a gusto estando solo o tan solo era una especie de hombre "aquí estoy yo", al que nosotras tratamos de ignorar todo el tiempo, pero que aquella escena nos hizo centrar nuestra atención en ello. La chica contoneaba sus caderas de un lado a otro y meneaba su cabello, el chico continuo como si ella no existiera. En su intento fallido, la chica se regresa a su mesa sin ningún resultado, nosotras reímos un poco por la actitud estúpida del tipo "me creo la verga" y por el fracaso de la chica y su estrategia de quinta categoría para llamar la atención de un chico.

Para lo anterior acordamos varias cosas. Primero el chico no era tan "Juan la verga" como intentaba demostrar, nada mas patético que un hombre que tenga que cantar en voz alta y bailar solo para hacerse notar, creemos que trasmitía mas inseguridad que seguridad. Segundo, la chica usa la manera mas corriente para llamar la atención de un chico, que a nuestro parecer no valía la pena centrarse. Conclusión, no es nuestra forma de coquetear, lo importante es que solo tu objetivo reciba el mensaje, no el resto de la gente, una mirada que solo él capte es suficiente, lo demás viene por añadidura, un encuentro casual en la barra, una invitación a bailar, un par de cervezas por su cuenta, un mensaje con el mesero, unas sonrisas cruzadas y correspondidas, pero que siempre se note que es él quien lo buscó y tu solo te dejaste seducir, eso es coquetear con clase, sin necesidad de pasearte contorneando las caderas, mover exageradamente la melena, ni tener que hablar o reír a carcajadas.

Ahora bien, haciendo un recorrido visual por el resto del salón, que pese a la lluviosa y fría noche pensamos que no se llenaría, centramos la atención en la mesa de la esquina izquierda, unos 5 chicos con ropa de oficina tomaron la noche del viernes para unos tragos de aguardiente y unas picadas. A decir verdad nos llamo la atención uno de ellos que estaba concentrado en su teléfono, mi amiga era la que no podía verlo bien por una columna y las botellas de la mesa que obstruían su campo visual, así que yo por tener la mejor vista, daba el veredicto final sobre aquel chico, ¿y que debe tener un chico para que llamen nuestra atención?, bueno vestir bien, que la ropa que quede bien, combine bien los colores, le ajuste bien el cuerpo, que no busque ser el centro, que mas bien pase desapercibido, y bueno un rostro agradable, unos ojos expresivos, una linda sonrisa y que huela muy bien. Estuvimos un rato escaneando a aquel chico, solo por aquello de recrear la vista. Al cabo de unos minutos pasamos a otro tema y nos olvidamos de su existencia en el lugar.

Viendo un vídeo que pasó por las pantallas del bar, observábamos a un cantante afro, hablamos un poco de su música, de su estilo para vestir, y  recordé que mi anterior roomie decía que después de haber estado con un afro ningún hombre lo superaba en tamaño, por aquella de la leyenda urbana sobre los afros, a lo que mi amiga me aclaró que ella había salido con uno y al parecer era cierto. Pero que un pene tan grande tampoco es nada grandioso, puesto que a veces resulta doloroso. Si bien con penes promedio existen momentos que al penetrar completamente, quizá por estar en tus días próxima al periodo, te maltrata y te inflama después del acto, no quería imaginarme con un pene afro. La verdad no es que yo tenga un recorrido en esto de los penes, he visto muchos si, por aquello del porno, pero no he probado muchos para saber a ciencia cierta de formas y tamaños. Y bueno, los hombres con penes no tan grandes se esmeran por complacerte de otras maneras, a lo mejor porque son conscientes de ello y buscan compensar, lo cual se convierte en una gran ventaja. Por otro lado no te atragantas haciendo un oral, queda perfecto en tu cavidad bucal. Conclusión si la experta Samanta Jones (Sex and the city) no pudo por más enamorada que estuvo con un micro pene, pero por mas hambrienta que es, tampoco soporto un gran pene, creo que preferimos los penes promedios, aunque para mi, mas vale el aguante que el tamaño.

Tras tres porciones de pizza hawaiana y de pollo con champiñones, una cuarta ronde de coronas, y unas 10 idas y vueltas al baño, recordamos a nuestros amores de adolescencia, aquellos por los que delirábamos en nuestra época de colegio. Ellos ya casados, pero aun haciéndonos, de alguna manera, parte de sus vidas, aun estaban en nuestra lista de contacto y redes sociales,de vez en cuando nos escribían flirtreando un poco en ocasiones, a lo que en mi caso solo me reía de lo cómico y ridículo que se ve, y a lo que en el caso de mi amiga había traspasado un límite delicioso. A lo que sacudiéndonos un poco de los amores imposibles y absolutamente decepcionantes, aterrizamos en nuestros amores actuales, del cual ella se siente totalmente satisfecha en cuanto a sexo y estabilidad. Por mi parte, yo feliz, con miedos de enfrentar una nueva vida, pero con ganas de superarlos, sabiendo y sintiéndome amada, estable y protegida. Conclusión, nos gustan los hombres que se arriesgan y lo dan todo por nosotras, por mas que nos guste alguien, si no da nada, sino invierte, sino se compromete, se lanza, o se aventura, no vale la pena.



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